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Extraña consultoría SEO
Otra vez me salgo de lo previsto con un post. Y dale con las digresiones… Es que me están pasando cosas que me dan ganas de contarte
Hace aproximadamente un mes, surgió la posibilidad de hacer una consultoría SEO para un sitio muy, MUY importante. Que me llamaran para esto me puso extremadamente contenta por varios motivos.
Primero, porque la gente del sitio es gente grossa y muy respetada en el ambiente, además de tener *toda* la onda.
Segundo, porque el trabajo parecía un desafío, al tratarse de un sitio tan grande e importante, donde hay que mirar hasta el mínimo detalle de cara a poder asegurar que el sitio sea 100% search engine friendly sin desestimar cuestiones de usabilidad, arquitectura de la información y varios etcéteras.
Tercero, porque es gente que tiene fama de saber muchísimo de SEO y fue un honor que me eligieran para una consultoría.
Y cuarto, porque le tengo un cariño muy especial al sitio, ya que soy usuaria desde hace mucho tiempo.
Después de un par de semanas accidentadas, con mi viaje a España en el medio y la notebook sin funcionar, finalmente pude empezar el trabajo. ¡Se me hacía agua la boca!
Empecé, llena de emoción, con mi ojo SEO-avizor listo para encontrar errores y posibilidades de explotar elementos importantes para el posicionamiento que hubiesen pasado inadvertidos.
Miré… miré… miré…
Inspeccioné el código…
Seguí mirándolo…
Lo miré con más detenimiento…
Con cada golpe de vista, me fueron embargando dos sentimientos completamente encontrados: por un lado, la desazón de no encontrar nada para decir. Por otro lado, la admiración total por las personas que idearon todo el sitio: no dejaron nada librado al azar.
Acá llegamos a un punto en que te voy a contar algunas “intimidades” de la vida de un consultor SEO. En general, y aunque te parezca mentira, hay por lo menos una decena de errores que suelen repetirse religiosamente. Esos errores en general son puntos que se pasan por alto en un descuido, y son fáciles de arreglar. No es que sean errores de principiante, sino que son detalles que en la misma vorágine por terminar un desarrollo suelen escaparse.
Hacer notar esos errores es la primera “pequeña victoria” del consultor SEO, cuando se pone a escribir un informe y dice “ay, nene, nene, cambiame esto ya mismo” (con palabras más sutiles, por supuesto
).
En este caso, esos errores no aparecían. Ni uno. Pero obvio, yo sabía que era altamente probable que no aparecieran porque estamos tratando con profesionales al 100%.
El paso siguiente es ponerse más fino y empezar a analizar desde el código, más que desde la interfaz de usuario. Acá sí, siempre se encuentran errores y la gravedad a nivel posicionamiento es muy variable: puede ser una pavada o puede ser algo muy complicado de arreglar.
En este caso, ejem… El código estaba impecable.
Pensé “bueno, dejemos lo más divertido para lo último y sigamos buscando primero las cosas fáciles”.
Alguien que tenga experiencia en este trabajo (¡como en todos los trabajos!), sabe dónde están los semilleros de problemas. Y pone el ojo exactamente ahí. Es como cuando en la escuela primaria te tomaban examen de ortografía: la maestra no se iba a fijar cómo escribiste “casa”, se iba a fijar cómo escribiste “exhibición”, porque conoce dónde está la dificultad.
En este caso es igual. Pero no había nada, ni un errorcito miserable. Mi documento de recomendaciones de consultoría seguía consistiendo en una triste pantalla blanca.
Empecé a ponerme nerviosa; saqué mi lupa de inspectora implacable. Di vueltas el sitio, para atrás, para adelante y vuelta otra vez; desde el front, desde el código, desde los dobleces…
Encontré dos pavadas. ¡¡Dos pavadas, me entendés!! Cosas mínimas, solucionables en medio minuto. Inmediatamente pensé “no puedo entregar esto, esto no es un documento de recomendaciones, ¡si no tiene prácticamente nada!”.
Mi triste cálculo era: aproximadamente 15 de horas de trabajo para encontrar solamente un manojo de puntos a solucionar, de complejidad mínima. Imposible escribir más de una página de recomendaciones con ese material, pero si lo alargaba el resto iban a ser puras flores.
Por otro lado, ¿qué iba a hacer? ¿Inventar problemas donde no los hay? ¿Con qué objeto?
¡Por supuesto que no!
En un segundo, cuando despegué la vista del monitor y fui a arreglar el enésimo mate del día, caí en la cuenta de que no había ningún problema real. ¡El problema real estaba en mi amor propio!
¿Por qué? Porque el nivel de ese código, pensado en todos los detalles, me hizo ver que mi manía de buscar (¡y encontrar!) errores no es infalible, que hay gente que sí hace las cosas bien a la primera… aunque sea muy inusual y me resulte casi inconcebiblemente maravilloso.
En definitiva, que mi papel en todo esto no era el del Chapulín Colorado, sino algo más parecido al inspector de boletos de colectivo.
Lo pensé un segundo y se me dibujó una sonrisa en la cara. Y me volvió el alma al cuerpo. Porque entendí cuál era el objetivo real de todo esto. Y mi nivel de admiración por la gente que me contrató la consultoría saltó todavía más arriba.
Cuando alguien te pide una consultoría SEO, puede ser por varios motivos:
- porque desconoce la materia – claramente *no* era éste el caso;
- porque no tiene gente disponible en el momento que pueda hacerse cargo del trabajo – era posible, pero no creo que haya sido determinante;
- porque tiene SEO inhouse pero necesita de la impunidad de un SEO externo que venga a poner los puntos – esto es muy habitual cuando el sitio no está dando los resultados de negocio esperados, o cuando alguien quiere que el SEO inhouse entre en razones sin llegar a cortar la relación laboral. Claramente este tampoco era el caso;
- porque ya sabe exactamente lo que tiene que hacer pero quiere asegurarse de tener la visión de un SEO externo al proyecto, que pueda mirar el sitio con la vista descansada y eventualmente encontrar algunos puntos débiles. Y acá estaba el chiste. Ni más ni menos.
No se requería un análisis de cero, se requería un control. Un reaseguro. Un aval más que permitiera pensar que, a nivel SEO, el proyecto estaba cocinado, saboreado y digerido. Y listo. Que no es poco, pero que no es lo que hago habitualmente.
Cuando este código llegó a mis manos, ya había pasado por varias otras. Y no cualesquiera otras: manos expertas, tanto en posicionamiento en buscadores como en las otras disciplinas que hacen al éxito de un gran sitio (desde diseño hasta programación, pasando por numerosos planos).
El hecho de no encontrar los errores que habitualmente encuentro cuando hago consultoría no hablaba de una derrota para mi mentalidad ultra obsesiva, sino de un trabajo, un esfuerzo y una calidad realmente notables por parte de la gente del sitio en cuestión.
Siempre supe que eran gente super profesional. En ningún momento dudé de su capacidad ni en cuanto a SEO ni en cuanto a ningún otro aspecto del desarrollo y los negocios en la web. De hecho, es un sitio exitosísimo, modelo para miles de otros.
Pero lo que vi en estos días me dejó realmente boquiabierta. Quizá sea uno de los trabajos más minuciosamente pulidos que vi en lo que va de mi vida profesional.
¡Y eso me pone realmente feliz! Ver gente que trabaja con ese nivel de calidad, con ese cuidado por los detalles. Aunque mi documento de recomendaciones sea tan blanquito que da pena
[Y una vez más, ¿te das cuenta?, mi post termina siendo larguíiiiiisimo!]
Para concluir, entonces.
El trabajo sigue, seguiré con el ojo entrenado buscando oportunidades de mejora, pero ahora desde otra óptica.
Un honor trabajar con gente que se toma tan en serio la calidad. Una gran lección el darme cuenta de que el objetivo de mi trabajo de consultoría SEO suele ser señalar caminos y dar soluciones, pero también puede ser funcionar como una suerte de “CRC humano” en los casos en que quien encarga el trabajo es en sí mismo un experto en SEO. Y qué experto.
Un aprendizaje que me deja muy, muy contenta. Master Yoda ha enviádome su mensaje a través de esta extraña consultoría SEO
¡Se agradece!
Tags: SEO